MALDITA MANSIÓN

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Sólo por ser una película que no tiene subvención del Ministerio de Cultura, se merece una atención,  y si a esto le añadimos que es de terror hecho en España, todavía más.

La Herencia Valdemar (2010) de José Luis Alemán, es una producción dividida en dos partes(a finales de este año veremos la segunda), inspirada en cierta manera en el mundo de H.P. Lovecraft, y  que recupera el género gótico con sus mansiones abandonadas, buhardillas, sesiones de espiritismo, fotografía paranormal.

La película está contada desde dos planos temporales, en el presente donde una tasadora (magnífica Silvia Abascal) debe ir a la mansión Valdemar a terminar el trabajo que le fue encomendado a su compañero desaparecido, y en el pasado, donde se nos cuenta la historia de la familia Valdemar. Este arranque guarda gran parecido con el de la novela Drácula.

Una producción, cuidada hasta el máximo detalle, que nos sumerge en una trama en la que el detective encarnado por Óscar Jaenada debe desentrañar el misterio que rodea a la mansión junto a la, de nuevo, desaparición de la tasadora enviada por la compañía inmobiliaria.

Se nota que  José Luis Alemán, director, guionista y productor de la película, es un enamorado del cine y la literatura de terror; aparte de las menciones al mundo de Lovecratf (rito de Dunwich), aparecen durante el metraje personajes de la talla del escritor Bram Stoker, Lizzie Borden y Aleister Crowley, célebre ocultista inglés acusado de practicar magia negra, interpretado por un estupendo Francisco Maestre, con su presencia imponente. Es este personaje el que traerá la desgracia a la familia, cuando le descubra a Lázaro Valdemar un mundo paralelo, con el que éste coquetea, de un modo pueril, usándolo como método de financiación para su orfanato.

Una película cargada de intenciones, pero que se queda en eso: exposición de personajes y diferentes hilos argumentales que no llegan a enganchar. Tal vez esta primera parte peca de cierta premiosidad en la mayoría de su metraje, y cuando se empieza a destapar las intenciones del argumento nos deja con la miel en los labios.

Los efectos digitales dejan mucho que desear (no se notan los 13 millones de euros que han costado las dos partes) en ciertas escenas. Siempre he preferido un efecto de maquillaje a la antigua usanza, para la creación de criaturas, si con medios digitales no se puede alcanzar cierto nivel de calidad.

Espero que la segunda parte, pendiente de estreno para finales de año, me dulcifique cierto regusto amargo que me ha dejado ésta.

Una duda que me asalta: ¿No hay actores en españoles que podían haber interpretado a Lázaro Valdemar, mejor que Daniele Liotti? No es por hacer patria.

Como detalle contar que es la última película en la que actuó Jacinto Molina/Paul Naschy, en un papel que como él decía, era posiblemente el único que había interpretado de “bueno”.

© De la foto: La Cruzada Entertainment S.L.  y Origen Producciones Cinematográficas S.A.

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