Crítica: Calle Cloverfield 10

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Cloverfield Lane 10

No he entendido muy bien el por qué de tanto alboroto en las redes por el ‘nuevo asalto al poder taquillero’ de J.J.Abrams con esta película. Y lo digo porque su anterior y primera entrega de la saga que produjo (?) me pareció un verdadero tostón, una producto diseñado para dejarte ‘culiprieto’, como diría el gran Fernando Romay, pero que debido a sus enormes carencias de guión la convierten en un verdadero bluff. Si a eso le sumas una mareante y por momentos anticinematográfica forma de rodar, a base de eternas secuencias de cámara espasmódica, tienes un perfecto artefacto audiovisual para encerrar en el cajón de las pelis infumables de tu colección. Eso sí, los diez minutos siguientes al comienzo de la tragedia alien son épicos. Y ya está. Diez minutos no es demasiado tiempo para nada. Para nada, no os hagáis ilusiones.

Pero dejemos a un lado estos poco apetecibles alicientes y centrémonos en lo de ahora, en ‘Calle Cloverfield 10’, el penúltimo producto de J.J. Abrams, un encantador de serpientes profesional, además de director de cine, productor (como el caso que nos ocupa), guionista, actor, músico, y empresario. Un hombre del espectáculo en toda regla que un día se dio cuenta que en este negocio importa mucho más el cómo diseñar y ambientar un escaparate perfecto que la calidad y consistencia del producto que en él se venda.Sirva este aseado thriller como ejemplo para tal argumento.

Cloverfield Lane.1

Y es que el planteamiento de la historia no puede ser más sencillo: la joven Michelle (Mary Elizabeth Winstead) abandona su hogar conyugal tras haber roto con su pareja. Durante su alejamiento sufre un accidente con el coche y al recobrar la consciencia aparece encadenada y encerrada en una especie de habitación-búnker que se encuentra dentro de un refugio subterráneo en el que habitan otras dos personas, Howard (John Goodman), su supuesto carcelero y férreo regente del reducido espacio y el joven Emmett (John Gallagher Jr.), un muchacho de la zona con pocas luces.

Un planteamiento minimal’ pero que correctamente gestionado puede dar pie a la construcción de un drama bien serio. Pero para decepción propia, su director Dan Trachtenberg, un curtido realizador publicitario, desaprovecha esa jugosa baza en pos de la ansiada resolución del problema, de la necesidad de libertad de la protagonista, y del juego del pilla-pilla. Todo sea por el espectáculo.Y no es que no lo intente, aunque de forma muy tangencial eso sí, pero lo hace tarde, mal y nunca.

Calle Cloverfield.2

Pero seamos justos, hay que reconocer que el ritmo del montaje y la intensidad visual son más que acertadas, es lo menos que se espera de una película con vocación comercial, aunque los creadores del guión original, titulado inicialmente “The Cellar”, viesen como este acababa convirtiendose en un pastiche pseudo-apocalítico salvado a duras penas por unos actores brillantes, capaces de hacer frente a personajes tan sosos como los de esta historia. Abrams tuvo claro desde que el guión cayó en sus manos que ’10 Cloverfield Lane’ no iba a ser una película para ganar premios en festivales europeos.

Tampoco la forma de promocionar la cosa ha pasado desapercibida para el público fanático del género. Un silencio absoluto que ha precedido a la irrupción en redes sociales y plataformas varias que ha hecho que su público potencial babee con sólo ver el trailer. Objetivo cumplido, no había más que ver como estaba la sala durante el pase de prensa. Sold-out. Pero es lógico, pues el momento de subidón de popularidad del director del episodio 7 de Star Wars hace que cualquier producto asociado a su figura se venda solo.

Y para terminar sólo hacer referencia a lo que todos se plantean, ¿pero entonces tiene algo que ver con la primera? La respuesta la tienes en el mismo título, pero no seré yo el que te haga spoiler.

Puntuación:

© de las fotografías:Bad Robot,Paramount Pictures.Reservados todos los derechos.

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