Crítica ‘Green Room’

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Green Room

Que una película haya recibido los parabienes de un tipo como Quentin Tarantino para muchos de sus fervientes seguidores es ya un aval. ¿Qué tienen en común el cine de este enfant-terrible con ‘Greem Room’? Pues si acaso la violencia seca que destilan algunas de sus secuencias y que hilando fino nos puede llevar hasta ‘Reservoir Dogs’ (1992).

Jeremy Saulnier, director del muy recomendable thriller de venganza ‘Blue Ruin’ 2013), nos adentra con su nueva cinta en una de terror soterrado en la que un grupo de música punk se verá envuelto en una tragedia al ir a tocar en un garito regentado por neonazis, cuando descubren un secreto dentro del camerino donde se preparan para el concierto.

A partir de ese momento se convertirán en víctimas de una cacería donde el conejo en su guarida es acosado por terribles lobos. De alguna manera se lo habían buscado previamente. Es toda una provocación cantar ‘Nazis punks fuck off’ de los Dead Kennedys en un sitio atestado de skin-heads.

El director vuelve a contar con Macon Blair, el cual desarrolla un papel que durante un tiempo sirve de nexo entre la banda y los neozanis, y se vale de las buenas interpretaciones de un Anton Yelchin preparado para conectar la historia con el espectador y con una Imogen Poots que se reivindica como la heroína de la historia.

Green Room

Pero si hay alguien que destaca por encima de todos- aun con pequeñas apariciones – es el veterano Patrick Stewart, muy alejado de su papel amable en la saga X-Men como profesor Xavier, y que en este caso ejerce como jefe de la banda de neonazis, que de forma templada va controlando la situación para llegar al desenlace que él desea. Otra cosa es que lo consiga.

El director sabe jugar con maestría en un espacio cerrado- el camerino – a la vez que va aportando elementos para que la acción vaya in crescendo según avanza el metraje y los protagonistas evolucionen dramáticamente y se transformen de corderos en lobos, ante un peligro como el que les acecha.

Hay que destacar el uso de la violencia que salpica todo el metraje, apuntando que si bien es cierto que en algún momento puede que alguno se tape la cara, no se recrea en exceso y sirve simplemente para crear una angustia salvaje que se apodera del relato de forma justificada.

Saulnier se reivindica como un contador de pequeñas historias fuera de lo común, que sabe exprimir un ajustado presupuesto para sacarle todo el jugo y ofrecer un más que solvente espectáculo.

Esperemos que el director siga en esta línea dentro de su filmografía y en el caso de dejarse atrapar por las fauces del establishment hollywoodiense conserve un ápice de su independencia y personalidad para seguir contando extraordinarias vivencias.

Puntuación:

© de las fotografías:Broad Green Pictures,Film Science.Cortesía de La Aventura y Good Films.Reservados todos los derechos.

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